Jennifer Mackenzie
Después de un día agitado, lleno de sorpresas, incluida la llegada inesperada de una nueva mascota, Killian y yo optamos por alejarnos del ajetreo y refugiarnos en un encantador hotel de la ciudad. Aunque Leandro nos había ofrecido su hospitalidad en la majestuosa mansión Mackenzie, él prefería disfrutar de la intimidad con mi árabe, lejos de cualquier distracción.
Estaba sumergida en la gran y cálida bañera cuando Killian entró en el espacioso baño con un par de copas llenas