Andrew
Desde el momento en que la vi en el juicio, de la mano de ese imponente árabe, supe que Jennifer ya no sería para mí. Tenía que resignarme. Los días que siguieron fueron un infierno y, de hecho, aún lo eran. Pero aunque sus decisiones me desgarraran por dentro, tenía que respetarlas. Sin embargo, al verla allí, en esa fiesta de cumpleaños, tan radiante, espléndida, hermosa con su nuevo look, emanando una madurez y tenacidad que nunca le había visto, sentí que algo dentro de mí se rompía.