—Me encantan, mi amor —asentí mientras miraba a Leandro, sintiéndome la mujer más afortunada del mundo. Cada gesto de amor que recibía de él y de Sherry llenaba mi corazón de una felicidad inmensa. Era como si el universo me hubiera dado todo lo que siempre había soñado.
—Me encantan. Vamos a comer, Mirta ha preparado algo delicioso.
Sherry corrió a la cocina en busca de su niñera, emocionada por pasar tiempo con ella, y yo me lancé a los brazos de Leandro, buscando su calor.
—Gracias por los o