Katherine Olson
Al ver sus ojos llenos de furia, imaginé el infierno en la tierra. Había pasado demasiado tiempo desde que tuvimos noticias de Douglas y hoy, justo el día de mi boda, él había llegado para arruinarlo todo.
—Dame el teléfono —me apuntó con un arma. Mis manos temblaban y no tuve más remedio que entregárselo. Al hacerlo, mi mundo se desmoronó a mis pies; todo lo que conocía se desvaneció ante mis ojos.
—¿A qué has vuelto, Douglas? —pregunté, aunque sabía lo estúpido que sonaba. La