Leandro Mackenzie
Grité furioso mientras me sacaban a la fuerza del hospital. La rabia ardía en mi interior mientras deseaba con toda la intensidad de mi ser acabar con esa estúpida abominación inútil e irreverente que se interponía en mi camino.
—¡Basta! ¡Suéltenme ya! —le grité al hombre de seguridad que me arrastraba fuera del hospital. El dolor de no poder ver a mi hermana esa tarde me consumía y me hacía hervir de rabia. Tenía que quitar a Valentino de en medio, y lo antes posible.
Mi telé