Katherine Olson
Al escuchar las palabras de Leandro y sentir su cabeza deslizándose sobre mi pecho, confirmé que no era la única emocionada por estar sentada en su regazo.
Sin embargo, no parecía el momento adecuado para decirle que me moría por ser suya y tocar el paraíso.
Su ausencia me estaba consumiendo. Aunque lo veía casi todos los días y en esa fría celda me convertí en su esposa, anhelaba que me devorara por completo esa noche. Mis deseos se intensificaban con cada día que pasaba, y la