Sus palabras me estremecieron. Un cosquilleo recorrió mi piel y mis manos empezaron a temblar. Por supuesto que estaba bien. Con mi Habibi, iría hasta el fin del mundo si fuera necesario.
Salimos del hospital y condujimos en su espectacular auto. Llegamos a un apartamento que había alquilado, un lugar del que no hizo falta avisar a Leandro porque Killian ya lo había hecho por mí. Como siempre, con él, todo era una sorpresa. Había encontrado el mejor apartamento a las afueras de la ciudad, con e