Leandro Mackenzie
Pasaron varios días en calma, tanto en casa como en nuestras vidas. Mi esposa parecía pensar solo en el sexo, lo cual, en cierto modo, me encantaba, ya que mis deseos por ella solo aumentaban, especialmente cuando notaba los sutiles cambios que el embarazo comenzaba a traer.
Aunque su vientre apenas se notaba, sus caderas se habían ensanchado y sus pechos estaban enormes. Sus pezones tomaron un tono café más oscuro y una forma grande y redondeada que, cada vez que podía, se ll