Leandro Mackenzie
Después de que Katherine entró a cirugía, sentí que el corazón se me iba a salir por la boca. Una extraña sensación de desolación se apoderó de mí, y el pensamiento de que mis hijos llegarían mucho antes de lo previsto me causó un nerviosismo terrible. Ser padre no debería aterrarme; debería ser una experiencia maravillosa, llena de felicidad. Pero, si me preguntaran en este momento, solo sentía inquietud por lo que pudiera pasarles a mis gemelos. Lo cierto es que llevaban muc