Maya
Lucrecia me llevó a otra sala, pero me dijo que Valentino era muy delicado con la biblioteca, por lo tanto, no entramos ahí. Me quedé con una inmensa curiosidad y ganas de explorar ese lugar prohibido. De repente, el móvil de Lucrecia sonó. Me pidió que me quedara admirando el lugar y salió de la sala, dejándome sola.
La horrible curiosidad me invadió, así que decidí entrar a la biblioteca. Al abrir la puerta, quedé deslumbrada por la cantidad de libros antiguos y las estanterías que alcan