Rous como la arpía y manipuladora que era, intentó confundir a Caleb en ese instante que estaba provocándolo. La sensualidad que estaba manejando era sublime y sus encantos provocaban la caída del más sensato y los reinos mas fuertes.
—Tómame Caleb, deseo que lo nuestro no tenga fin y sea eterno. —le susurró justo al borde del oído mientras sus manos se deslizaban delicadamente hacia su parte media—. ¿Vas a dejar que palabras sin importancia arruinen nuestra relación? ¿Tu me amas verdad? —le preguntó sembrando la semilla de la duda en su corazón.
—Te amo, Rous. —murmuró con un suspiro que rompió el viento entre ambos.
—Entonces… —susurró suavemente y lentamente deslizando en sus pensamientos—. No me dejes ir, no dejes que esta vez me marche. Atrápame entre tus piernas y hazme tu prisionera día y noche. ¿Eso es lo que deseas verdad?
la oferta era tentadora y Caleb estaba a punto de caer en sus redes mas que en sus brazos, ese cuerpo el no lo tocaba desde ella quedó embarazada y se negó