Los agentes policiales ingresaron en la dirección que la inteligencia policial había determinado que se encontraban Rosario y Júpiter escondidos de la ley. La capitana que se encontraba a cargo del caso, saboreo ese momento en el que observaba las habitaciones iluminadas y con lujos excéntricos propios de Rosario.
Gritando y con los laser apuntando a lo que se moviera, la capitana gritó con desesperación. —¡Rápido! No permitan que se nos escapen, esta vez los atraparemos.
Los agentes élite come