Miro el reloj, son las diez de la noche. La brisa de una lluvia fresca de verano golpea con suavidad el vidrio de mis ventanas. Para alguien con un alma tranquila, es el clima perfecto para sumergirse en un libro, tomar una buena taza de café mientras se esta acurrucado en la cama con varias mantas tibia y reconfortante, pero no sé porque motivo mi mente se obliga a si misma a releer algunos párrafos, mi mente no parece estar aquí.
Ha pasado una semana desde que decidí cambiar mi numero de telé