Él había aceptado. No podía creer ni por un segundo que Kadet Kravec había aceptado entrar en el juego que le había planteado, no, más bien no solo entró, sino que también había decidido jugarlo.
Y poner sus propias jodidas reglas.
Era un reto. Duplicar las donaciones no sería fácil y mi puesto estaba en riesgo en el proceso, pero había mucho más en juego que solo mi puesto.
Más niños podrían ser amparados por la gracia de su dinero y tendría el tercer nivel que tanto había rogado para tener.
P