—¿Dónde está Laila? —preguntó Franco alterado—. No dejaré ir a su madre a menos que ella venga aquí en este momento.
—Laila no está aquí —dijo lo obvio—. Y no vendrá.
—Lo hará, si quiere recuperar a su madre sana y salva.
Franco parecía no entender lo que estaba sucediendo.
—¿Es que acaso no has echado un vistazo a tu alrededor? Tus hombres no dejan de caer, estás aquí solo y en cuanto Alessandro aparezca en esta habitación, las cosas se pondrán peor para ti. Tal vez si dejas ir a su espos