Noche de amor...
— ¡Oh sí mi amor, serás mía, eres tan divina!— susurraba Tomás.
Con su lengua empezó a saborear los pezones de ella, quien arqueaba su cuerpo con placer, las manos de Tomás descendieron hasta su pubis, describiendo con sus dedos caminos de erotismo que arrancaban gemidos de la garganta de Julie.
Los dedos de él acariciaban los pliegues de la pequeña flor que se abría para recibir placer, se movía con destreza con sus dedos, logrando que ella humedeciera el camino que pronto lo recibiría abier