Malakai observaba a su compañera, su luna, ahora que la podía oler, y que la había marcado todo era más fácil de comprender, por ejemplo, el Alpha se había percatado que cuando su luna llegaba al clímax sexual, el aroma a flores silvestres se intensificaba, fue por ello que aquella noche en el granero su instinto casi lo lleva a marcarla, ahora estaba disfrutando de esa bruma, la felicidad olía a Natalie, como todo aquel cuarto, su lobo gozaba de una calma que jamás había creído posible sentir,
Cristina López
queridas lectoras, espero que estén disfrutando la historia de Malakai y Natalie, no olviden dejar sus comentarios, saludos.