Nilda era una mujer de poco más de treinta años, con una apariencia que fácilmente engañaba a quienes no la conocían en profundidad, su rostro amable y su sonrisa cálida inspiraban confianza y simpatía, pero aquella fachada escondía un corazón áspero, marcado por la envidia y la ambición, su verdadera naturaleza solo emergía en los momentos de mayor intimidad con su propio reflejo, o cuando sabía que no había nadie alrededor para juzgarla.
Había llegado al rancho siendo apenas una loba joven de