—¿Qué quería tu madre? —preguntó Vincenzo, retirándose el saco. Dirigió la mirada hacia su esposa, que estaba sentada en la cama.
—Mi ayuda, si acaso se le puede llamar así —añadió, la última parte impregnada de un toque de ironía.
—¿Tu ayuda con qué?
Serena se levantó y se acercó a su esposo. Le ayudó a retirarse la corbarta y, mientras le desabrochaba la camisa le contó todo lo que su madre había dicho, sin guardarse nada.
—Cuando creo que no puedo detestar más a tus padres, ellos salen con a