—Cuando me levantaste temprano, no tenía en mente que era para esto. —Serena hizo un mohín—. Tienes suerte de que te amé o te lanzaría debajo de los autos.
Vincenzo soltó una carcajada y tiró de Serena para que entraran en el rocódromo.
—Ha pasado un tiempo desde que salimos a escalar y…
—No el suficiente como para que empiece a gustarme.
—Creí que te ayudaría relajarte —continuó Vincenzo sin dejar de sonreír. Serena se quejaba cada vez que iban a escalar, pero para cuando terminaban siemp