Vincenzo acababa de llegar al juzgado cuando su celular empezó a sonar.
—¿Angelo? —preguntó bajando del auto.
—Tenemos problemas. Durante la noche alguien intentó entrar al refugio en el que Dania se está quedando.
Soltó una maldición.
—¿Tenemos certeza de que iban por Dania?
—No. Los guardias no lograron capturar a nadie y sabemos que al menos la mitad de las mujeres del refugio están huyendo de alguien peligroso.
—Sí, pero no todos cuentan con el dinero de Cosimo. Actuaremos como si él f