Al día siguiente, volvieron a la fortaleza.
Antonio caminaba con paso firme, aunque por dentro seguía temblando. Los secretarios iban detrás de él, pálidos y ojerosos, sin haber dormido bien. La imagen de Cronos aullando a la luna seguía fresca en sus mentes.
Quien los recibió en la puerta fue una mujer.
No era Lycan. No era loba. Era humana. Antonio lo supo al instante. Su energía era diferente, más suave, más familiar. Era como un soplo de aire fresco en un lugar donde se sentían rodeados de