Bella al oír, se apresuró a decir: —Abuelo, aquí no hay ropa de él, ¡no es conveniente!
Alberto dijo: —¿Cómo que no hay? ¿Acaso no le compraste varios juegos que tienes guardados en el armario?
En realidad ella sí lo había comprado.
Ella simplemente pensó que, por si acaso Pedro algún día se quedara a dormir aquí, tendría ropa de recambio.
Aunque Pedro nunca antes se había quedado en casa del abuelo.
—Todavía tiene muchos asuntos de trabajo que atender, tiene que volver a la oficina. —Bella volv