¿Todavía le necesitaba allí?
Pero Pedro no le dio tiempo a preguntar más, pues colgó el teléfono.
En ese momento, también se escuchó la voz de Miguel en el pasillo, con un tono respetuoso pero firme: —Señorita, cuando esté lista, baje que voy a recogerla.
Pedro era muy eficiente en sus asuntos.
Ni siquiera le dieron tiempo a Bella para pensar o negarse, cuando Miguel ya estaba esperándola abajo.
Bella se cambió el pijama por una cómoda camiseta larga y cogió su bolso pequeño para bajar.
A esas h