Miguel soltó un gran suspiro de alivio y le entregó las llaves del coche a Pedro como si le estuviera pasando una patata caliente, y salió corriendo.
Bella no pudo evitar preguntarle a Pedro: —¿Qué le has dicho al asistente Martín? ¿Por qué parece que me tiene pánico como un ratón a un gato?
Normalmente estaba al lado de Pedro, pero hoy ni siquiera lo había visto.
Al oír esto, Pedro frunció el ceño con disgusto. —Yo no soy él, ¿cómo voy a saber? Si quieres ir a la farmacia, vamos.
Bella se quedó