Pedro no insistió más. Ante la continua resistencia de Anna, ordenó a los guardaespaldas que la ataran en el borde de la cama.
Antes de que todos salieran, Elena, aún preocupada, preguntó: —Bella, ¿no te pasará nada, verdad?
—No, estoy bien —respondió Bella, mirando a Anna, que no podía moverse—. No tiene tanta capacidad.
—Cualquier cosa que necesites, solo grita. Estaremos en la puerta. —le indicó Elena.
Bella asintió.
Pronto, todos en la habitación se marcharon, dejando a Bella y Anna solas.
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