Carlos soltó un resoplido. —¿Otra vez amenazándome con mi hermano? Pedro, ¡qué bajo puedes llegar! ¿Crees que si me echas, Bella te recibirá con los brazos abiertos?
La mirada de Pedro se oscureció un poco; las palabras de Carlos le habían dado en el clavo.
Aunque Bella ya no lo rechazaba tanto como antes y no lo echaba de su casa, tampoco le daba una cálida bienvenida.
Pedro sentía como si tuviera una bola de algodón en el pecho: podía respirar, pero se sentía muy agobiado.
Justo en ese momento