Un sabor agrio invadía el corazón de Pedro. Sentía un terrible dolor en el pecho.
Había vuelto porque Manuel le acababa de llamar por teléfono y le había dicho que, pase lo que pase, tenía que quedarse a terminar la cena de cumpleaños, como muestra de respeto hacia Alejandro.
Pero en ese momento, Pedro había perdido todo el ánimo. Con pasos pesados, volvió a marcharse.
—Bella, el director Romero se ha ido. —le recordó Darío.
Bella se extrañó. —¿No se había ido ya?
—Acaba de volver. —dijo Darío,