—Señor Cruz, lo que tenga que decir, dígalo mañana. Bella y yo tenemos asuntos privados que tratar, le pido que se retire—. Pedro volvió a exigir con firmeza que se fuera.
—¡¿Qué más podemos hablar tú y yo?! —Bella preguntó con frialdad.
Mirando la fría expresión de Bella, Pedro logró contener la ira que sentía en su interior, y levantó los gemelos y la tarjeta azul que tenía en la mano. —¿Acaso no es esto lo que tú me preparaste? ¿No fuiste tú quien me dijo que me amas?
Aquellos objetos no eran