De pronto, Bella recordó lo que Pedro había dicho la última vez sobre el trabajo de Darío en el extranjero, que no era nada malo y que no debería conformarse con ser un simple subordinado en MQ.
En aquel momento, ella había desestimado las palabras de Pedro con desdén, pero ahora, al ver la mirada suave y serena de Darío, Bella empezaba a intuir algo.
—Vaya, así que has venido a ayudar a la familia Fernández por la invitación de tu abuelo, ¿verdad? —dijo Bella de forma desenfadada.
La mirada de