67. Tu culpa
—¡Estoy aquí!—pronunció Ian.
El tipo literalmente apareció de la nada. Maldito cretino. Cada vez más feo, debería presentarse a uno de esos concursos de fealdad, probablemente sería coronado.
Ya ni me escondía.
En el momento de encontrarla Adelaida Walsh se convertiría en mi esposa como debería haber sido des del momento uno y no de este cretino.
—Que sepas que ella no te ama, Vermont.
—¿Y a ti si?—pregunta él con burla.
Lo tomo del cuello de la camisa asfixiándolo en el mismo instante.
—Como