66. Surrealista
Liam agarró el teléfono antes de que yo pudiera y colocó el teléfono en altavoz.
Maldita sea odio estar drogado.
—Hola, este es el teléfono de Damián.
No puedo evitar observarlo con sorpresa, trataba mi teléfono como si de verdad fuera de su propiedad.
—¿Liam? ¿Dónde está Damián?— escuché la voz de Addie a través del teléfono.
Dios, cómo me perdí eso.
De repente la imaginé en mi mente, abrazándola cerca de mi pecho.
Lejos de todo esto.
Este tiempo había sido un infierno.
No había ni un segu