111. ¿Mi hijo?
Puedes tranquilizarte, por favor.
—Dije que quiero que te largues de aquí—repetí perdiendo la paciencia de nuevo, no entendía como ese miserable se había colado aquí, seguramente él tenía algo que ver. Maldito capullo…¿Cómo puede tener la desfachatez de venir a dar la cara sin esperar que lo mate con mis manos como respuesta?
—No estoy aquí por ti, estoy aquí por Addie —el muy cretino se atrevía a contestarme sin sentir ni una mancha de verguenza al hacerlo en su rostro.
—Si no sales de aquí ll