Capítulo setenta
El viaje a casa esa noche había sido silencioso de una manera que no tenía nada que ver con la tranquilidad.

Bianca se había sentado en el asiento del pasajero con las manos cruzadas en el regazo, viendo la ciudad desdibujarse tras la ventana, diciéndose a sí misma que estaba bien. Que pasaría. Que Diego era simplemente un hombre que necesitaba espacio después de una conversación difícil, y el espacio era algo que ella entendía, algo que podía dar sin que le costara nada. Se le daba bien el espa
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