Las palabras aterrizaron entre ellos y se quedaron allí.
* Es que no confío en lo que pasa después. -
Diego la miró durante un largo momento. La tarde se había quedado completamente inmóvil a su alrededor, el tipo de quietud que te hacía consciente de tu propia respiración. Se giró ligeramente en su taburete para quedar frente a ella por completo, y cuando habló, su voz fue cuidadosa —no fría, sino deliberada, de la manera en que un hombre habla cuando quiere estar absolutamente seguro de que