Bianca miró a los ojos de Diego Diablo y algo en su pecho cambió.
No de forma dramática.
No ruidosamente.
Sino profundamente—como si una puerta cerrada dentro de ella se hubiera desbloqueado lo suficiente como para dejar entrar un pensamiento peligroso.
Él iba en serio.
Completamente en serio.
No había jugueteo en él, ni manipulación corporativa en la forma en que había hablado. Solo una sinceridad firme e inquebrantable que la hizo sentirse de repente… expuesta.
Y eso era exactamente lo que la