Catherine no llegó al trabajo como alguien que simplemente comenzaba un día normal.
Llegó como alguien que entraba en un campo de batalla ya convencida de que el enemigo había movido primero.
Todo en ella se sentía afilado aquella mañana. Sus pasos. Su mirada. Incluso la forma en que sostenía su teléfono, como si pudiera traicionarla si lo soltaba.
Y en el centro de todo había un pensamiento que se negaba a nombrar demasiado alto en su propia mente.
Bianca.
La sola palabra ya la irritaba, como