Adrián solo pudo ver cómo el vídeo se reproducía, y en el proceso, su cara pasaba del color rojo al blanco, del blanco al morado y, finalmente, se desplomó en el suelo como un charco.
Sara seguía llorando y buscándose excusas como: —Cariño, déjame explicarte, no es lo que ves, fue Elena, ella me tendió una trampa, ella...
—¡Basta! —Pedro golpeó la mesa, interrumpiendo a Sara: —¡No me humilles más a estas alturas!
El gerente intentó calmar la situación diciendo: —Esto... Sr. Murillo, ¡le daremos