Una sensación de asco se apoderó de mí.
—¿Qué te pasa? ¿No que Araceli es la única en tu corazón?
Cuando me vio tratar de irme, se levantó rápido y extendió la mano para detenerme.
Pero Araceli lo detuvo, agarrándolo del brazo.
—Espera un momento. ¡Escúchame! En mi corazón, solo estás tú.
—Eso no es lo que dijiste antes. Dijiste que, después del matrimonio, cada uno viviría su vida, sin interferir.
—Eso lo dije de broma, ¿cómo iba a ser cierto?
En su cara se veía una mezcla de desesperación y si