ZORA
—¡Córtenle los dedos! —exclamamos Lucien y yo al mismo tiempo. ¿Quién se creía ella para dictar semejante castigo?
—¿De verdad va a hacerlo? —me preguntó Lucien, con los ojos fijos en lo que estaba ocurriendo.
—¿Y cómo se supone que voy a saberlo? —le espeté.
—Bueno, es tu mejor amiga. Deberías saber de qué cosas es capaz —replicó, y yo suspiré.
—Ni siquiera yo sé en qué tipo de monstruo se ha convertido. Ella simplemente… cambió de la noche a la mañana —suspiré y me moví para ver mejor.
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