Una hora y media más tarde las puertas de la habitación principal de la manada, donde dormía el alfa se abrieron y Lara salió sigilosa cerrándolas a su espalda después de confirmar que su esposo seguía rendido en el sueño. Su cachorro ya le había dado tregua suficiente tiempo y necesitaba comer a pesar de que quería seguir pasando tiempo con Mathew. El lobo apenas se había inmutado cuando lo había dejado recostado en su almohada, tapado y dejado un beso sobre su cabeza. Estaba realmente agotado