Amara
–Estoy asustada– murmuró con la cabeza gacha. Casiel me mira con el ceño fruncido e Isaac niega.
–No te asustes– lo miró mal encogiendome en mi lugar.
–¿Qué te sucede?– Casiel se levanta de su lugar y me mira con la misma expresión de siempre. Ninguna.
–La luna se está tornando roja– trago grueso, Casiel e Isaac van inmediatamente a la ventana y mira lo que les informe– ya pasó más de una hora y ninguno de ellos ha vuelto.
Ahora sí empiezo a ver una ligera preocupación en el rostro de los