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El sol apenas salía., pero no trajo calma.

Nada lo hizo desde el ataque.

La luz apenas entraba por las grietas de la habitación, tiñendo las paredes de piedra con un resplandor rojizo que parecía burlarse de mí. Mis manos estaban apoyadas sobre mis piernas extendidas frente a mí. Lo miraba, pero en realidad no veía nada. Solo rostros. Voces.

Gritos.

Dani.

El llanto de Jayson.

La sangre en el bosque.

Y el
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