Ahogué un grito cuando miles de cucarachas salían al momento de abrir mi casillero. Era la tercera vez que ocurría esta semana, Kennedy y sus amigas no me estaban haciendo fácil mi estadía aquí.
—¿Qué sucedió, acaso tenías un basurero en tu casillero?— mi cuerpo se alarmó de inmediato cuando Casiel se posicionó a mi lado poniendo su mano sobre mi cabeza— no creces aún, que enana eres — aporta su mano a toda velocidad para cerrar mi casillero.
—Eso no debería importarte— tome los libros que nece