Jennie Frost
Me desperté tarde.
Y no del tipo “cinco minutos tarde” — sino del tipo “Vuk Markovic me va a despellejar viva”.
Dios sabe que intenté no hacer ruido mientras me preparaba. Lo último que necesitaba era la mirada de ese hombre a primera hora de la mañana.
Pero, por supuesto, el destino tenía otros planes.
En el segundo en que me deslicé dentro del coche, sus ojos me encontraron — afilados, fríos, indescifrables.
Una sola mirada bastó para que mi alma cuestionara todas sus decisiones