VUK MARKOVIC
Era tarde.
Demasiado tarde.
Pero el sueño no llegaba.
Había probado todas las rutinas posibles: revisar mis correos, firmar algunos documentos, incluso leer informes que normalmente me harían dormir al instante.
Nada funcionaba.
Mi mente solo volvía a ella.
Jennie Frost.
Su risa.
Su terquedad.
La manera en que se veía bajo las luces tenues de aquel restaurante.
Y esos labios—
Maldita sea.
Exhalé con fuerza, pasándome una mano por el cabello.
¿Desde cuándo empezaba a notar cosas así