Jennie Marković — POV
Sanar, aprendí, no era algo dramático.
No llegaba con aplausos ni con una repentina sensación de victoria sobre el pasado. No se anunciaba con certezas.
La sanación llegaba en fragmentos, pequeños momentos silenciosos que se cosían entre sí cuando yo no estaba mirando.
Era despertar sin sobresaltarme al oír mi propia respiración.
Era dormir toda la noche sin despertarme de golpe, con el corazón desbocado, convencida de que aún estaba huyendo.
Era tocarme el vientre y sentir alegría en lugar de miedo.
Habían pasado meses desde el aeropuerto.
A veces parecía otra vida, como si le hubiera ocurrido a otra mujer cuyos recuerdos yo hubiera heredado. Otras veces, las imágenes eran nítidas y crueles, repitiéndose sin permiso.
Me quedé de pie junto a los ventanales de nuestro ático, observando cómo la ciudad se extendía bajo mí. El sol flotaba bajo, convirtiendo el vidrio y el acero en un dorado suave. Desde esa altura, todo parecía tranquilo.
Controlado. Seguro.
Una ment