Vuk Markovic:
El callejón se encogió.
Esa fue la primera cosa que noté: la forma en que las paredes parecían acercarse centímetro a centímetro con cada respiración que tomaba, como si la ciudad misma hubiera decidido atraparme allí.
Mi espalda se apretó con fuerza contra el ladrillo, el frío se filtraba a través de la tela fina de mi vestido. Mi mano temblaba mientras flotaba sobre mi vientre, el instinto más fuerte que el pensamiento.
—Vuk —susurré de nuevo al teléfono, con la voz quebrada—. E