Vuk Maković
La pesada puerta de acero se abrió con un chirrido de metal oxidado y entré. La visión me golpeó como un puñetazo en la garganta.
Filas de cajones destrozados, espuma de embalaje esparcida por el suelo de hormigón como nieve. AK-203, miras térmicas, cajas de granadas de 40 mm, todo saqueado. Dos mil millones de euros de mi mercancía, desaparecidos en una sola noche. Alguien había entrado en mi almacén, mi fortaleza al borde del Danubio, y lo había violado hasta dejarlo limpio.
La sa