Jennie Frost:
Cuando desperté aquella mañana, la habitación se sentía demasiado quieta.
No vacía… solo tranquila, de esa manera que llega después de una tormenta.
Las cortinas estaban cerradas, y una delgada línea de luz se colaba entre ellas, tocando el borde de la cama como un susurro que no podía ignorar. Parpadeé hacia ella, escuchando el zumbido leve del aire acondicionado y el ritmo constante de mi corazón —más lento ahora, no frenético como la noche anterior.
Por un momento, me q